lunes, 30 de diciembre de 2013

Childhood

     Hoy me hallo en uno de los días más felices del año. Volver a encontrar tu mundo, ese que tantos y tantos momentos ha acogido, ha sido una grata satisfacción. Seguramente no pueda expresar con palabras la ilusión del joven que ha vuelto, de un leve aleteo de la más dulce de las aves, a ser un niño. Ese niño feliz con unas inquietudes maravillosas, despreocupado de los porvenires y enamorado de su mundo, de su princesa, Eva.

     No sé cuánto durará esta sensación. Quizá no llegue siquiera a fin de año. Tal vez nunca se acabe. Mientras tanto, la disfruto tanto como la anhelaba, saboreando nuevos matices,  melodías sacadas de la lira de Orfeo, paisajes indescriptibles que ensanchan mi alma con esa afable, jovial, casi perfecta niñez que llevaba tiempo sin aparecer en mi sino.

     También, como joven, multitud de vicisitudes me aguardan en la esquina. No hay aventura sin obstáculos, no hay juego sin dificultad. Quién sabe lo que depararán.

     Pero lo que nunca deberían de llevarse, pasen los años que pasen, es el espíritu del pequeño que se ha encontrado un regalo vital, lleno de fuerza, deseoso de cumplir todo aquello que se le ponga por delante.

     Eso, por más que compres, bebas, salgas o estudies, es lo más complicado y, a su vez, satisfactorio, de la vida. Afrontar los problemas como un hombre viejo, resolverlos como si de un juego de niños se tratase.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Ínfimo, cotas inferiores. ¿Existe un máximo?

     El día de hoy, con su variedad de situaciones, puede ser denominado como ínfimo. Hace referencia a un punto en el cual no se puede bajar más, no se define nada debajo de éste. Así pues, tras dos semanas extrañas, he acabado ahí, en la línea que deja a todas mis ilusiones por encima, acotadas, pero lejos. Si se sigue bajando, obtendremos sendas cotas inferiores con las que los objetivos quedarán aún más lejos, entre muchos puntos imprecisos. Gracias a muchos factores, sigo estando en la función, sigo siendo algo definido.
    Explico esto. Que no se defina es que no se realice como quiero, que no se hagan nada bien. Muchas ilusiones dejaron trazos muy bonitos en el papel, que hace mucho tiempo que desaparecieron por culpa de una agenda un tanto apretada. La ambigüedad es un factor que me está persiguiendo, junto con la escritura lenta y torpe, que pide a gritos más lectura. He conseguido un bagaje en estos dieciocho años del que no quisiera perder ni un solo ápice.
     No pensaba que me vería en esta situación tan buena hace dos años y medio. Acabado cuarto de la ESO, era alguien bastante culto, que leía, se divertía y tenía muchos amigos. Hoy, tengo a la mejor persona a mi lado, junto con unos conocimientos más amplios. Parece que todo va a mejor, pero estoy perdiendo las bases. Una casa muy bonita, con ciertas paredes de papel. 
      Nadie dijo que esto iba a ser fácil. Pero pasar de una simple distracción a una ludopatía ha sido un grave error. Pasar de una lectura esporádica a algo "extraño", también. He mejorado ciertas carencias, pero también agravado mis puntas de lanza, los puntos fuertes de alguien que quiere maximizarse, ensanchar su alma y hacerla eterna. ¿Es peligroso buscar la perfección, lograr sentirse plenamente realizado? Si la respuesta es afirmativa, soy un temerario. Si es un no, dame la mano y lánzate conmigo a la aventura. Hoy se ha podado el viejo aligustre en el jardín de casa. Limpiando todo aquello que comienza a empeorar, a molestar el orden, quizá... Quizá es una señal.