No consigo acallar esa melodía que resuena desde el lunes en mi cabeza. Todo viene desde las once y media de la mañana. Ahí fue cuando la canción desplegó sus primeros acordes, cargados de emoción. Tanta que hoy, día veintisiete (bonito número, por cierto), sigue sonando. Y si baja el volumen, el aleatorio se encarga de mostrármela de nuevo. La voz muestra sus ojos, esos con un brillo especial, que delatan sus pensamientos. El bajo da forma a su precioso cuerpo, sosteniéndola. La guitarra se convierte en el cabello, libre. Y la batería... símbolo de fuerza, se transforman en esos finos labios. Todos los instrumentos juntos. Una sola canción. Volver a casa es tarea sencilla si tienes la llave para poder volver a escucharla en otra ocasión. Colgada junto a mi corazón, a buen recaudo, como no podría ser de otro modo. De tu cuello al mío.
Fix you (8) 19 de May de 2010, a las 22:32
Ese día la te escuché por primera vez. Y no será la última. =)